Reflexionamos filosóficamente...

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Filósofos griegos...

Saludo a los estudiantes!!

Estimados estudiantes, aquí les doy la bienvenida a mi Blogg. Un espacio para que estemos comunicados más allá del aula. Un lugar para compartir y aprender a trabajar grupalmente.

Espero que les resulte novedosa y estén motivados en trabajar arduamente.

Con mis mayores deseos de éxito. Cordialmente Prof. Isabel Roca

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domingo, 10 de abril de 2011

ARISTÓTELES Ética a Nicómaco Naturaleza de la virtud

Aristóteles



Dentro de la llamada filosofía clásica griega emergen claramente dos figuras de importancia frente a los demás: Platón y Aristóteles.

Aristóteles nació en el año 384 antes de cristo y murió en el 322.

Sus obras abarcan los ámbitos mas dispares : desde la metafísica o la lógica o la biología pasando por la poética y la política. Entre sus obras de ética destacamos indiscutiblemente la ética a Nicómaco.

La filosofía moral de Aristóteles es, contrariamente a la de Kant, teleológica. Quiere esto decir que lo que de verdad interesa a Aristóteles es la finalidad de la acción moral.

Según el, el fin del hombre no es otro que la felicidad; la moral debe encontrar los medios para conseguir dicho fin.



El concepto de virtud lo comprende Aristóteles como el justo medio entre dos extremos: se trata de la teórica de mesotes.





Ética a Nicómaco



De la naturaleza de la virtud



Es preciso no contentarse con decir, como hemos hecho hasta ahora, que la virtud es un hábito o manera de ser, sino preciso decir también en forma específica cual es esta manera de ser.

Comencemos por sentar que toda virtud es respecto a la cosa sobre que recae, lo que completa la buena disposición de la misma y le asegura la ejecución perfecta de la obra, que es la propia. Así, por ejemplo, la virtud del ojo hace que el ojo sea bueno y que realice como debe su función; porque gracias a la virtud del ojo se ve bien. La misma observación, si se quiere, tiene lugar con la virtud del caballo: ella es la que le hace buen caballo, a propósito para la carrera, para conducir al jinete y para sostener el choque de los enemigos. Si sucede así en todas las cosas, la virtud en el hombre será esta manera de ser moral que hace de él un hombre bueno, un hombre de bien, y gracias a la cual sabrá realizar la obra que le es propia.

Ya hemos dicho como el hombre puede conseguir esto: pero nuestro pensamiento se hará más evidente aun cuando hayamos visto cual es la verdadera naturaleza de la virtud. En toda cantidad continua y divisible pueden distinguirse tres casos: primero el más, después el menos y, en fin, lo igual; y estas distinciones pueden hacerse, o con relación al objeto mismo o con relación a nosotros. Lo igual es una especie de término intermedio entre el exceso y el defecto, entre lo más y lo menos. El medio, cuando se trata de una cosa, es el punto que se encuentra a igual distancia de las dos extremidades, el cual es uno y el mismo en todos los casos. Pero cuando se trata del hombre, cuando se trata de nosotros, el medio es lo que no peca, ni por exceso, ni por defecto; y esta medida igual esta muy distante de ser una ni la misma para todos los hombres.

Veamos un ejemplo: suponiendo que el numero diez represente una cantidad grande, y el numero dos una pequeña, el seis será el termino medio con relación a la cosa que se mide; porque seis excede al dos en una suma igual a la que le excede a èl el número diez. Este es el verdadero medio según la proporción que demuestra la aritmética, es decir, el número. Pero no es este, ciertamente, el camino que debe tomarse para buscar el medio, tratándose de nosotros. En efecto, porque para tal hombre diez libras de alimento sean demasiado y dos libras muy poco, no es razón para que un médico prescriba a todo el mundo seis libras para el que haya de tomarlas puede ser una alimentación enorme o una alimentación insuficiente.


Para Milón es demasiado poco; por el contrario, es mucho para el que empieza a trabajar en la gimnástica. Lo que aquí se dice de alimentos, puede decirse igualmente de las fatigas de la carrera y de una lucha. Y así, todo hombre instruido y racional se esforzara en evitar los excesos de todo genero, sean en más, sean en menos; solo debe buscar el justo medio y preferirle a los extremos. Pero aquel no es simplemente el medio de la cosa misma, es el medio con relación a nosotros.

Gracias a esta prudente moderación, toda ciencia llena perfectamente su objeto propio, no perdiendo jamás de vista este medio y reduciendo todas sus obras a este punto único. He aquí porque se dice muchas veces cuando se habla de las obras bien hechas y se las quiere alabar que nada se les puede añadir ni quitar; como dando a entender que, así como el exceso y el defecto a la perfección, solo el justo medio puede asegurarla. Este es el fin, lo repetimos, a que se dirigen siempre los esfuerzos de los buenos artistas en sus obras; y la virtud, que es mil veces mas precisa y mil veces mejor que ningún arte, se fija constantemente como la naturaleza misma en este medio perfecto.

Hablo aquí de la virtud moral, porque ella es la que concierne a las pasiones y a los actos del hombre, y en nuestros actos y en nuestras pasiones es donde se dan, ya el exceso, ya el defecto, ya el justo medio. Así, por ejemplo, en los sentimientos de miedo y de audacia, de deseo y de aversión de cólera y de compasión, en una palabra, en los sentimientos de placer y dolor se dan el más y el menos; y ninguno de estos sentimientos opuestos son buenos. Pero para ponerlos a prueba como conviene, según las circunstancias, según las cosas, según las personas, según la causa, y saber conservar en ellas la verdadera medida, este es el medio, esta es la perfección que solo se encuentra en la virtud.

Con los actos sucede absolutamente lo mismo que con las pasiones: pueden pecar por exceso o por defecto, o encontrar un justo medio. Ahora bien, la virtud se manifiesta en las pasiones y en los actos; y para las pasiones y los actos el exceso en mas de una falta; el exceso en menos es igualmente reprensible; el medio únicamente es digno de alabanza porque solo es la exacta y debida medida; y estas dos condiciones constituyen el privilegio de la virtud. Y así la virtud es una especie de medio, puesto que es el fin que ella busca sin cesar.

Además, puede uno conducirse mal de mil maneras diferentes; porque el mal pertenece a lo infinito, como oportunamente lo han representado los pitagóricos; pero el bien pertenece a lo finito, puesto que no puede una conducirse bien sino de una sola manera. He aquí como el mal es tan fácil y el bien, por lo contrario, tan difícil; porque, en efecto, es fácil no lograr una cosa y difícil conseguirla. He aquí también por qué el efecto y el exceso pertenecen juntos al vicio, mientras que solo el medio pertenece a la virtud.



Es uno bueno por un solo camino, malo por mil.



Por lo tanto, la virtud es un habito, una cualidad que depende de una voluntad, consistiendo en este medio que hace relación a nosotros y que esta regulado por la razón en la forma que lo regularía el hombre verdaderamente sabio. La virtud es un medio entre dos vicios que pecan, uno por exceso, otro por defecto; y como los vicios consisten en que los unos traspasan la medida que es preciso guardar, y los otros permanecen por bajo de esta medida, ya respecto de nuestras acciones, ya respecto de nuestros sentimientos, la virtud consiste, por el contrario, en encontrar el medio para los unos y para los otros, y mantenerse en el a la preferencia.

He aquí porque la virtud, tomada en su esencia y desde el punto de vista de la definición que expresa lo que ella es, debe mirársela como un medio. Pero con relación a la perfección y al bien, la virtud es un extremo, una cúspide.

Por lo demás, es preciso decir que ni todas acciones ni todas las pasiones son indistintamente susceptibles de este medio. Hay tal acción, tal pasión, que con solo pronunciar su nombre aparece la idea de mal y de vicio, como por ejemplo, la malevolencia o tendencia a regocijarse del mal de otro, la imprudencia, la envidia; y, en punto de acciones, el adulterio, el robo, el asesinato; porque todas estas cosas y las parecidas a ellas son declaradas malas y criminales únicamente a causa del carácter horrible que ofrecen, y no por su exceso, ni por su defecto. Respecto a estas cosas, por tanto, nunca hay medio de obrar bien; solo es posible la falta. En los casos de este genero indignar lo que es bien y lo que no es bien, es cosa inconcebible; como, por ejemplo, en el adulterio, averiguar si ha sido cometido con tal mujer, en tales circunstancias, de tal manera; porque hacer cualquiera de estas cosas es, absolutamente hablando, cometer un crimen. Es como si uno imaginara que en la iniquidad, en la cobardía, en la embriaguez, podía haber un medio, un exceso y un defecto; porque entonces seria preciso que hubiese un medio de exceso y de defecto, y un exceso de exceso y un defecto de defecto. Pero así como no hay exceso ni defecto para el valor y para la templanza, porque en ellos el medio es, en cierta manera, un extremo, en igual forma no hay para estos actos culpables, ni medio, ni exceso, ni defecto, sino que, de cualquier manera que se tome, siempre es el criminal el que cometa; porque no es posible que haya un medio, ni para el exceso, ni para el defecto, como no puede haber ni exceso ni defecto para el medio.

Libro II Cap. VI



EJERCICIOS.



1) Define virtud según Aristóteles.



2) ¿Puede hablarse de virtud del caballo como se hace en el texto? ¿Por qué?



3) ¿Donde reside la diferencia entre la virtud del caballo y la virtud del hombre?



4) ¿Que quiere decir que la virtud humana se da en el justo medio?



5) Subraya en el texto la definición de virtud.



6) Traza un segmento y escribe en los extremos el nombre de dos pasiones opuestas, escribiendo en el centro la virtud correspondiente.